Lope de Vega

Publicado: 03/05/2023
Autor

Luis Eduardo Siles

Luis Eduardo Siles es periodista y escritor. Exdirector de informativos de Cadena Ser en Huelva y Odiel Información. Autor de 4 libros.

La escritura perpetua

Es un homenaje a la pasión por escribir. A través de temas culturales, cada artículo trata de formular una lectura de la vida y la política

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La puesta en escena de Manuel Carcedo tiene el soberbio trazo de lo tradicional, del teatro clásico de siempre, hecho con medios limitados y mucha imaginación
Lope de Vega fue un hombre en llamas. Como en los gritos de “fuego, fuego…”, que desencadenan el final de ‘La discreta enamorada’, maravillosa comedia de enredo que la compañía Teatro Karpas ha estrenado en el madrileño teatro Quique San Francisco. Porque Lope tenía el fuego dentro a la hora de escribir. Dejó 1.500 comedias, siete novelas y 3.000 sonetos. Escribió sin descanso. Y amó hasta la ancianidad: los historiadores sostienen que el día que se ordenó sacerdote, ya entrado en años, en el templo había más admiradoras que beatas. ‘La discreta enamorada’ es una obra de madurez, con una sólida y potente carpintería teatral, y versos hermosísimos. Con unos enredos tremendos y líos amorosos colosales. Lope, que siempre escribió a favor del poder establecido -su vida consistió en una permanente aventura literaria y sentimental y rehusó complicarse más con otras cosas-, se burla en esta obra del anciano enamorado de la doncella, como estaba establecido en su época. La discreta Fenisa ama a Lucindo, el hijo del viejo capitán (un tipo lleno de achaques y malhumor). Pero la madrastra de Fenisa concierta el matrimonio con el anciano por interés económico. El tiempo empezaba a alcanzar a Fenisa, discretísima mientras otras muchachas jóvenes disfrutaban en el prado del amor y de los cortejos gentiles de los hombres, todo ello entre equívocos y líos, celos y plegarias atendidas o no atendidas, pero al inicio de la función Fenisa espetará a su madrastra: “¿Cuándo se ha de casar una mujer nunca vista?”

La puesta en escena de Manuel Carcedo tiene el soberbio trazo de lo tradicional, del teatro clásico de siempre, hecho con medios limitados y mucha imaginación, sustentado en la palabra y el actor. Porque en esta soberbia y divertida comedia Lope derrochó su conocimiento del alma humana en la construcción de los personajes y su maestría de escribidor con unos versos bravos, vivos y deslumbrantes. La dirección subraya la intención del texto, y todos los actores responden con acierto y brillantez, magníficos en los apartes con el público y en la dicción del verso.

Lope tuvo una gran intuición sobre lo que reclamaba el público de su época, pero trascendió con comedias inmortales, escritas antes de, en la oscuridad de la noche, encaramarse hábilmente al balcón de la alcoba de alguna mujer, ataviado con su sotana de buen sacerdote. Vivió el amor y se lanzó a describirlo. Dirá Fenisa: “Cuanto tú me quieras más,/Lucindo, te quiero más”. O bien: “Porque si mi bien se ausenta/todo se pierde con él”. Eterno, sí, Félix Lope de Vega Carpio.

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